Pocas emociones tienen tan mala fama como el miedo. Lo asociamos a la cobardía, a la parálisis, a lo que nos impide avanzar. Pero el miedo no aparece por casualidad: aparece para decirnos algo importante.
El problema no es sentir miedo. El problema es tratarlo como enemigo en lugar de escucharlo.
El miedo no viene a pararte. Viene a hablarte. Si lo callas, hablará más fuerte.
Cuando llega el miedo, antes de querer apartarlo, vale la pena preguntarse: ¿qué me está mostrando?. Porque el miedo, en su forma más honesta, suele estar señalando una de estas cosas:
El miedo es como una alarma. La alarma no es el incendio: es la pista de que hay algo que mirar. Si solo silencias la alarma, el fuego sigue.
La reacción habitual ante el miedo es evitar lo que lo dispara. Y a corto plazo funciona: si no te acercas a lo que te asusta, el miedo se calla. Pero a medio plazo, tu vida se va haciendo más pequeña.
Dejas de hablar de ciertos temas. Dejas de ir a ciertos sitios. Dejas de plantearte ciertas decisiones. Y un día te das cuenta de que estás organizando tu vida alrededor de lo que temes, en lugar de alrededor de lo que quieres.
El miedo no se vence enfrentándolo desde la fuerza. Se ablanda cuando te paras a escucharlo antes de reaccionar.
La próxima vez que aparezca el miedo, antes de hacer nada, prueba esto:
No es magia. Es darle al miedo un espacio para hablar antes de que tome el volante.
Hay miedos que se ordenan en una conversación honesta con una misma. Hay otros que llevan tanto tiempo dentro que necesitan otra mirada, una que no juzgue, que sostenga, que ayude a poner palabras a lo que aún no las tiene.
Si tu miedo lleva años hablándote y no sabes cómo escucharlo, igual no necesitas vencerlo: igual necesitas acompañarlo mejor.
El miedo no es lo contrario del valor. Es su materia prima.
Coach humanista. Acompaño a mujeres saturadas a parar, escucharse y volver a sí mismas a través de sesiones individuales y talleres.
Del texto a la sesión
Ese es el primer paso. Lo siguiente es darte el espacio de mirarlo en compañía.
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