Hay un cansancio que no se ve. No es el del cuerpo, aunque también. Es el de sostenerlo todo. El de cuidar, organizar, responder, estar disponible, decir que sí cuando ya no queda nada dentro.
Y un día, en mitad de una vida que parece estar bien, algo dentro empieza a pedir ser escuchado.
No es que tu vida esté mal. Es que tú llevas demasiado tiempo fuera de ella.
Muchas mujeres llegan a la primera sesión diciendo lo mismo: "no sé por qué estoy así, tengo todo lo que quería". Pareja, hijos, trabajo, una casa. Y aun así una sensación de vacío que no encaja con lo que se ve por fuera.
Lo que no se ve es esto:
Y ese cansancio no es debilidad: es un mensaje. Algo dentro de ti ha empezado a decir basta.
Cuando aparece este tipo de tristeza —difusa, incómoda, sin causa clara—, la reacción habitual es intentar callarla. Distraerse, llenar el día, mantenerse ocupada. Pero el malestar no se va: se enquista.
La pregunta no es "¿por qué me siento así si tengo todo?". La pregunta es: ¿qué parte de mí está pidiendo volver a casa?
No hace falta cambiarlo todo. No hace falta romper nada. A veces solo hace falta pararse un momento y mirarse de verdad.
No respondas rápido. Deja que las preguntas se queden contigo unos días. A veces la respuesta más honesta aparece cuando dejas de buscarla.
Hay procesos que se pueden hacer en soledad. Otros necesitan una mirada que sostenga, que no juzgue, que ayude a poner palabras a lo que sientes. Para eso está el espacio de Siéntete Viva: no para arreglarte —no estás rota— sino para acompañarte mientras vuelves a ti.
Lo que duele también te está señalando el camino.
Coach humanista. Acompaño a mujeres saturadas a parar, escucharse y volver a sí mismas a través de sesiones individuales y talleres.
Del texto a la sesión
Ese es el primer paso. Lo siguiente es darte el espacio de mirarlo en compañía.
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